Hoy quiero agradecer. Agradecer a los que estuvieron cuando no tenía fuerzas ni
palabras.
A quienes se quedaron en silencio,
a quienes acompañaron sin pedir explicaciones,
a quienes simplemente estuvieron ahí, sosteniéndome en medio de la tormenta.
Gracias a los que entendieron mis ausencias,
mis cambios, mis silencios,
y supieron que mi distancia no era falta de amor,
sino una forma de sobrevivir.
Gracias también a los que no supieron qué decir,
pero eligieron no apartarse.
A quienes me miraron con ternura cuando el dolor era tan grande
que parecía no caber en mí.
Y hoy, con el mismo amor, quiero agradecer a los que están ahora.
A los que se alegran de verme sonreír otra vez,
de verme disfrutar, volver a salir, volver a vivir.
Gracias a los que entienden que mi alegría no borra mi dolor,
sino que convive con él.
A los que celebran conmigo este regreso a la vida,
este paso de sobrevivir a vivir,
sin miedo, sin culpa, con el corazón más abierto.
Y a los que no se alegran, no pasa nada.
Cada uno ve el mundo desde su propio lugar,
desde sus heridas, sus miedos o su forma de entender la vida.
A ellos también les deseo luz,
porque la paz también nace cuando dejamos de esperar comprensión de todos.


