emociones-duelo

Emociones

No me da miedo mostrar mis emociones.

Hubo un tiempo en que pensaba que debía ocultarlas, que si lloraba demasiado incomodaba, que si mostraba mi rabia o mi tristeza estaba siendo débil. Me pedía perdón por sentir, como si mis emociones fueran una carga para los demás.

Con el tiempo, entendí que esconder lo que sentía era una forma de herirme a mí misma.

Aprendí que mis emociones no son enemigas, sino mensajeras. Que cada lágrima, cada momento de vacío, cada silencio, habla del amor que viví y de la ausencia con la que ahora camino. Y que no necesito disculparme por sentir: mis emociones son parte de mí, de lo vivido y de lo que aún sigo viviendo.

La luz que hoy llevo no llegó sola. No nació de la calma ni de lo fácil.

Viene de la oscuridad más profunda, de noches interminables, de momentos en los que no sabía cómo seguir. Viene de cada paso que di con el corazón roto, con miedo, con dudas, pero también con amor.

No siempre fue fácil, ni bonito. A veces fue duro, solitario, confuso.

Pero fue real. Y esa verdad, aunque dolorosa, me fue transformando.

Hoy sé que mostrar mis emociones no me hace menos fuerte: me hace más humana.

Sé que la vulnerabilidad es una forma de coraje. Y sé que, aunque el dolor nunca desaparece del todo, hay un camino donde la vida vuelve a florecer.

Por eso, si estás ahí, leyendo estas palabras, sintiendo demasiado o sintiendo nada, quiero decirte algo sencillo pero verdadero: no estás solo/a.

Tu dolor no te define. Tus emociones no son un error.

Hay vida después del dolor.

Y también hay amor.

Un amor que nunca muere, que cambia de forma pero que sigue sosteniéndonos.

Gracias por estar aquí, por abrir un espacio a estas palabras.

Ojalá este rincón sea para ti un recordatorio de que sentir no es debilidad, que llorar también es sanar, y que incluso en la oscuridad más profunda puede volver a encenderse la luz.

Comments are closed.